viernes, 19 de agosto de 2016

Refugio de Linza y Circo de Lescún

Nos planteamos esta ruta de fin de semana con la idea de conocer los pináculos de Lescún (en la vertiente francesa) y subir la Mesa de los tres reyes (techo de la comunidad de Navarra). Resultó ser una ruta exigente, desde el punto de vista físico, pero nos permitió conocer rincones para nosotros desconocidos del Pirineo occidental.

Iniciamos la ruta en el moderno Refugio de Linza (1.330 m), sorprendidos ante la cantidad de gente que había (incluso había problemas para aparcar el coche).

Día 1. Refugio de Linza-Plateau de Sanchese (21 km-1.225 m)

Nada más abandonar el refugio empezamos a subir de manera decidida por una senda bien marcada (y con señales de GR) que atraviesa las inclinadas praderas amarillentas y resecas por la falta de agua. La altura que vamos ganando nos permite tener buenas perspectivas del Ezkaurre (2.045 m), un pico bonito con una preciosa cresta para los amantes de la escalada.

Primeras subidas desde el refugio de Linza
 Primeras subidas

Vistas del Ezkaurre
Vistas del Ezkaurre 

Ganamos altura rápidamente y pasamos cerca de varias cabañas. Supuestamente deberíamos pasar por  varias fuentes o surgencias de agua, pero todas ellas están secas tras un verano con pocas precipitaciones (hay que tener en cuenta este detalle para llevar suficiente agua). Solo encontramos un tímido y perezosos hilo de agua procedente de la Fuente del Cubilar de Petrechema, pero es tan escaso que en casi todos los puntos están estancada. 

De forma bastante cómoda llegamos al Collado de Linza (1.937 m) desde donde tenemos una buena panorámica de las montañas circundantes. 

Mesa de los tres reyes, desde el Collado de Linza (1937 m)
Mesa de los tres reyes, desde el Collado de Linza (1937 m)

A nuestra izquierda salen los caminos que nos llevarían hacia la Mesa de los tres reyes y a nuestra derecha la senda que nos lleva hacia el Petrechema. En nuestro caso nos dirigimos a esta segunda montaña, tras una parada para reponer fuerzas y darle algo de combustible al cuerpo.

Petrechema desde el Collado de Linza
Petrechema desde el Collado de Linza

La subida al Petrechema discurre por senda muy marcada (eso sin contar la gran cantidad de gente que nos encontramos durante la subida) y en continua subida. La ascensión es  muy sencilla, sin ninguna dificultad técnica, pero requerirá algo de esfuerzo con el peso de las mochilas. 

Ascensión al Petrechema
Ascensión al Petrechema

Desde la cumbre del Petrechema (2.360 m) las vistas son magníficas. La Mesa de los tres reyes (2.444 m) y el Pic d'Anie (2.507 m) se alzan orgullosos al norte. Al lado contrario, separado por el Cuello de Petrechema, tenemos el Mallo de Acherito (2.362 m). Y desde nuestra posición podemos ver la parte alta de una de las Agujas de Ansabére. Todo un espectáculo para los sentidos.

Cumbre del Petrechema (2.360 m). Mallo de Acherito al fondo
 Cumbre del Petrechema (2.360 m). Mallo de Acherito al fondo

Mesa de los tres reyes, desde la cima del Petrechema
Mesa de los tres reyes, desde la cima del Petrechema

El descenso lo realizmos desandando parte de lo andado, hasta el último collado previo a la cumbre. En este punto decidimos ir directos por terreno con pendiente, pero sencillo, hasta alcanzar una senda que nos lleva al Cuello de Petrechema (2.082 m) que marca la frontera entre España y Francia.  

Cuello de Petrechema (2.082 m)

Al otro lado nos espera una inmensa pedrera. Una sinuosa senda se abre camino a través de este resbaladizo terreno. La bajada, debido al terreno, es bastante lenta hasta alcanzar las cabañas d'Ansabère (en torno a los 1.600 m), donde hay una fuente de agua fría y cristalina. 

 
 Pedrera de descenso

Agujas de Ansabère (durante el descenso) 
 Agujas de Ansabère (durante el descenso)

Durante la bajada nos encontramos con una simpática pareja de franceses con los que compartimos parte del recorrido y algo de conversación, una mezcla de nuestro poco francés y su excelente español (pero habñia truco, ella era profesora de español), inlcuso nos ofrecieron transporte si lo necesitábamos. Durante la bajada es facil dar con los huesos en el suelo, como fue mi caso al peder el pie. 

Durante el descenso y una vez en las cabañas las vistas de las Agujas de Ansabère son espectaculares (pudimos ver una cordada en una de las agujas).

 Cabaña de Ansèbere

 Agujas de Ansebère

Desde este punto el camino es más cómodo, aunque aún nos queda por delante una importante bajada. Atravesamos densos bosques que nos llevan hacia la zona baja del valle siguiendo el cauce del arroyo d'Ansabère que en algunas tramos desaparece fitrado en el terreno. 

Bosques
Bosques

El descenso se hace algo largo pero nos ofrece magníficas vistas de las montañas que nos rodean y de los valles que se abren camino de manera casi imposible entre las impresionantes moles de roca.

Panorámicas durante el descenso
Panorámicas durante el descenso

Al alcanzar el Puente de Lamary (1.175 m) el ambiente cambia. A este punto se puede acceder en coche y nos encontramos un camino atestado de vehículos aparcados. Tras un corto descanso, seguimos descendiendo por la amplia pista comiendo polvo de los coches, hasta el Puente de Mosousa (1.000 m), donde el asfalto nos sale al encuentro. 

Aquí tenemos que enfrentarnos al peor tramo de todo el recorrido ya que tenemos algunos kilómetros por pista asfaltada, bordeando el Circo de Lescún (del que no tendremos buenas vistas, ya que estamos demasiado bajos). 

Tras sufrir un poco llegamos, agotados, hasta el parking de Anapía, donde retomamos la pista (aunque, por desgracia, también tienen acceso los coches). Tras un par de kilómetros alcanzamos el Plateau de Sanchese (1.100 m), donde decidimos poner fin a la jornada, ya que por delante nos queda una fuerte subida. 

Plateau de Sanchese (1.100 m)
Plateau de Sanchese (1.100 m)

Día 2. Plateau de Sanchese-Refugio de Linza (18,5 km-1.500 m)

Iniciamos la jornada con calor y serias dudas del camino a seguir. La senda sale a la derecha de la cascada que decora estos amplios prados. La senda asciende de forma vertiginosa realizando un zig zag que en pocos metros nos sitúa en una posición privilegiada.


Plateau de Sauchese desde la senda de ascenso
Plateau de Sauchese desde la senda de ascenso

En los primeros kilómetros de la senda discurren por la ladera del Petit Billare y nos permite ganar metros de altitud de forma rápida, atravesando tupidos bosques que nos dan un respiro con el inclemente sol. 

La pendiente se suaviza al alcanzar la cota de los 1.300 m, aunque en ningún momento dejamos de ascender. Al alcanzar los primeros prados de altura encontrtamos una fuente donde nos aprovisionamos de agua y, con la excusa, nos quitamos el peso de la mochila unos minutos.

Saliendo del bosque
Saliendo del bosque

Siguiendo la marcada senda llegamos hasta las Cayolars d'Anaye (1.513 m), una pequeña cabaña ganadera (había numerosas ovejas por las laderas) donde encontramos una nueva fuente. Aquí es recomendable coger agua puesto que será el último lugar donde encontraremos el preciado líquido en lo que nos queda de recorrido. 
 
Llegando a Cayolars d'Anaye (1.513 m)
Llegando a Cayolars d'Anaye (1.513 m)

Seguimos ascendiendo por senda bien marcada y ganando altura. Los prados son sustituidos de manera progresiva por la blanquecina roca caliza y nos adentramos en un entorno más agreste y árido, donde el camino se abre camino entre los inmensos bloques de roca situados en la ladera del Pic d'Anie, ahora sobre nuestras cabezas.

Al alcanzar el final del valle hay dos caminos posibles; seguir una senda porco visible a nuestra derecha para acceder al Collado de Insole o d'Anaye (2.086 m), por donde sigue el trazado de la Alta Ruta Pirenaica (HRP); o seguir la senda más marcada a nuestra izquierda que asciende hacia la Mesa de los tres reyes. Esta última opcion es la que seguimos nosotros.

Collado de Insole o d'Anaye a la derecha
 
La senda que seguimos está bien marcada y el primer objetivo a alcanzar es el Col des Ourtets (2.184), para ello tenemos que ascender por una sufrida pedrera. Aquí hay que echarle paciencia ya que la pedrera es resbaladiza y cada vez que creemos alcanzar el collado resulta que la perspectiva nos ha engañado.


Ascenso al Col des Ourtets

Al final con perseverancia a todas partes se llega y tras varias paradas, alcanzamos el Col des Ourtets (2.182 m) desde donde tenemos unas espectaculares vistas de los valles a nuestros pies y del coloso del Pic d'Anie (2.507 m) que ahora se muestra en todo su esplendor. 


Col des Ourtets (2.182 m)
Col des Ourtets (2.182 m)

Pic d'Anie (2.507 m), desde el Col des Ourtets
Pic d'Anie (2.507 m), desde el Col des Ourtets

A partir de este punto iniciamos el tramo duro de la ruta, así que mejor tomarnos un descanso para reponer fuerzas, nos harán falta para superar los metros que nos quedan por delante.

Desde el collado nos adentramos en un mundo de roca, de grandes fisuras y simas (vimos una sima señalizada) como es caraterístico de estas zonas kársticas. Sin duda este tramo hará las delicias de los amantes de la geología, ya que el paisaje, además de ser impresionante visualmente, es muy interesante desde el punto de vista geológico. 

Seguimos la senda marcada por hitos que nos permite salvar las grandes fisuras en la roca y alguna impresionante sima. Disfrutando del ambiente, llegamos hasta la base de unas placas de caliza donde los hitos marcan el camino a seguir pra ascender por ellas (hay que tener precaución con lluvia). La ascensión no es muy difícil (aunque a mi estas placas en las que hay que fiarse de la adherencia de las botas siempre me impresionan bastante), pero no es cómoda, menos con la mochila grande. 

Progresión por las placas de caliza
Progresión por las placas de caliza
    
Una vez superadas las placas, la progresión discurre por zona más llana y cómoda. Hay que estar pendiente de los hitos para no perder la senda que discurre sobre la superficie rocosa hasta alcanzar la base de la Mesa de los tres reyes. El último tramo, en esta ocasion por una cómoda pedrera, nos permiten salvar los escasos cincuenta metros que nos separan del colladoa 2.386 m previo a la cumbre

Último tramo hasta el collado
Último tramo hasta el collado
 
Desde el collado una estrecha senda se abre camino por la ladera de la vertiente contraria. No es difícil, pero hay que tener precaución ya que hay una buena caida a nuestra izquierda y puede impresionar. A los pocos metros unos hitos se desvían de la estrecha senda para ascender por una fácil trepada, aquí también habrá que extremar las precauciones ya que, aunque no tiene dificultad técnica, sí es bastante expuesta.

La senda nos permite enlazar con los último metros de la ruta normal, procedente de Linza. A partir de este punto alcanzamos de manera cómoda la cima de la Mesa de los tres reyes (2.444 m)

Cumbre de la Mesa de los tres reyes (2.444 m)
Cumbre de la Mesa de los tres reyes (2.444 m)

Ahora ya solo nos queda bajar los 1.100 metros que nos separan del refugio de Linza. Tras un breve descanso y unas cuentas fotos de las espectaculares vistas, iniciamos el descenso.

Para el descenso seguimos la pisada senda de la ruta normal, sin pérdida posible. Los primeros metros son algo más empinados y tiene algún destrepe, aunque sin ninguna dificultad técnica, pero las piernas sufren bastante con esta intensa bajada.

Inicio del descenso
Inicio del descenso

Perspectiva del camino de descenso
Perspectiva del camino de descenso

La senda se adentra en la Hoya del Portillo de Larra en un ambiente kárstico que tiene algo de mágico, a lo que contribuye la soledad casi absoluta de la que gozamos en la jornada. Nos desviamos de esta hoya a la altura de un indicador (del que han desaparecido las placas infomrativas), grabado en la madera está indicada la dirección a seguir para Linza. 

Tenemos que superar un pequeño collado para acceder a la Hoya de la Solana la última zona de karst a superar. La senda marcada por hitos no deja lugar a dudas del camino a seguir.

Hoya de la Solana
Hoya de la Solana

Poco antes de abandonar la hoya nos encontramos con indicadores de senderos de gran recorrido que discurren por esta zona, concretamente el GR-15 (Sendero Prepirenaico) y GR-12 (Sendero de Euskal Herria). Las señales de este ultimo serán las que nos acompañen hasta finalizar la ruta. 

Una vez superada la hoya retomamos los prados amarillentos donde la senda se dibuja de forma clara y profunda en el terreno. 

Hacia el Collado de Linza
 Hacia el Collado de Linza

Al mismo tiempo que avanzamos hacia el Collado de Linza las nubes oscuras cubren el cielo y, a pocos metros del collado, rugen los primeros truenos con fuerza advirtiéndonos de la inminente tormenta. Desde el collado no nos queda más descender por el sendero que seguimos en nuestra ascensión del día anterior.

Tras un breve descanso, seguimos nuestro camino y apretamos un poco el paso en un intento de librarnos de la tormenta que se anuncia.  


La tormenta acecha

Una ruta magnífica. Técnicamente sin grandes dificultades, exceptuando la parte más expuesta del último tramo de la ascensión a la Mesa de los tres reyes, pero que físicamente nos exigirá bastante. Como precaución aprovechad las fuentes que encontéis, porque en la vertiente española las fuentes son escasas y en verano, como es el caso, hay altas probabilidades de encontrarlas secas. 

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RECORRIDO:

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INFORMACIÓN ADICIONAL:
  • Podéis localizar el track de la ruta en: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14408416 
  • Mapa Valles de Ansó, Echo y Aragüés. Editorial Pirineo. Escala 1: 40.000 (la escala es un poco grande, sería más sencillo seguir las sendas con un mapa de escala 1: 25.000, en algún punto echamos de menos mayor detalle)  
 

martes, 9 de agosto de 2016

PR-SO 107. Ruta del Río Linares.Despoblado de Vea (Tierras Altas. Soria)

Nos situamos en un lugar poco conocido del territorio peninsular: las Tierras Altas sorianas. Allí donde se sitúa el límite entre la provincia de Soria y La Rioja, allí donde los dinosaurios dejaron su impronta, en esa tierra encontramos un río que ha abierto con el discurrir del tiempo un profundo valle a cuya protección crecieron pueblos que hoy en día han quedado abandonados y olvidados.

Para descubrir estos pueblos a la sombra de las montañas que escoltan al río Linares vamos a seguir el camino que de forma tradicional comunicaron, en un pasado no muy remoto, a los sufridos habitantes de estos inaccesibles lugares. Para ello vamos a seguir el sendero de pequeño recorrido PR SO 107 (que coincide hasta el despoblado de Vea con un ramal del Sendero Ibérico Soriano, GR 86).

Salimos de la población de San Pedro Manrique siguiendo las indicaciones del PR y del GR por una pista que a los pocos cientos de metros se transforma en un estrecho sendero. 7,3 kilómetros nos separan de nuestro primer objeetivo de la jornada: el despoblado de Vea.

 
Inicio de la ruta
 
Con la compañía del río y la refrescante sombra del bosque de ribera avanzamos sin mayores complicaciones. Poco a poco la roca va ganando terreno y nos adentramos en el profundo barranco abierto por el paciente discurrir de las aguas del río Linares, que nace en el próximo puerto de Oncala
 
El sendero no tiene mucho desnivel, pero pequeñas subidas y bajadas nos alejan del cauce del río y nos permiten salvar algunos riscos y zonas más escarpadas. Estos pequeños obstáculos también nos alejan de la apreciada sombra. A cambio nos ofrecen unas buenas panorámicas de la sinuosa figura del río y de la vegetación que encuentra en él su refugio.


Curso del río Linares
 
A lo largo del recorrido encontramos numerosos edificios abandonados, antiguos molinos que nos hablan de una importante actividad en la zona. 
 
Molino
 
Pero no son el único testimonio de la vida que se desarrolló en este fértil valle. El propio camino que seguimos está construido de forma sólida y pequeños puentes nos permite salvar algunos obstáculos (pequeños arroyos y barrancos), lo que pone de manifiesto el esfuerzo realizado por los habitantes de estas tierras para habilitar vías de comunicación. Este es el caso del puente que salva el barranco de San Fructuoso

Bco. de San Fructuoso
 
El sendero se abre paso de manera sorprendete por las escarpadas laderas de las montañas que rodean el solitario valle. Las vistas son impresionantes y nos muestran una región de un sorprendente verdor. 
 

Camino a Vea
 
Pero el paso del tiempo no ha perdonado a las infraestructuras tan trabajosamente construidas. El puente que permitía cruzar el río Linares, antes de llegar a Vea, ha desaparecido. Aún puede verse el arranque del mismo. 
 
Lugar donde se econtraba el puente de Vea
 
En esta época del año el río no va muy crecido lo que nos permite cruzarlo sin dificultad. Pocos metros después vemos las primeras casas del despoblado de Vea y la iglesia, el edificio más visible de todos ellos, presidiendo los restos de un pueblo que llegó a tener 152 habitantes en torno al año 1873.
 
  
Despoblado de Vea

Pasear por las calles del pueblo no es tarea sencilla pues la naturaleza ha cubierto gran parte de los edificios y ha cerrado los accesos. Aún así, todavía se puede acceder a algunas de las casas donde no deja de impresionar la visión de enseres personales que parecen desnudar la intimidad de las personas que tuvieron aquí su hogar. Un viejo pupitre parece ser el único mudo testigo de un pasado de risas infantiles. 
 


 Interior de dos viviendas
 
Pupitre escolar
 
Es imposible no sentir cierta pesada melancolía tras la visión del abandono y la agonía de este bonito pueblo. Dejamos atrás las casas recorriendo las antiguas terrazas de labor para atravesar, de nuevo, el río Linares y proseguir nuestro camino hacia nuestro siguiente objetivo: el despoblado de Peñazcurna
 
A partir de Vea seguimos las indicaciones blancas y amarillas del PR (el ramal del GR 86 finaliza en Vea). La senda se adentra en el angosto barranco.
 
Salida de Vea
 
El sendero está menos pisado, pero también nos deja evidencia de su importancia en la comunicación del valle con infraestructuras hoy olvidadas como el pequeño puente sobre el arroyo de Ambriguela.
 
Puente sobre el Arroyo Ambriguela
 
El camino se hace sinuoso para aprovechar los pequeños barrancos y evitar así las partes más angostas del barranco, lo que nos obliga a tomar algo de altura. El paisaje que nos rodea es sobrecogedor y es inevitable pensar en las duras condiciones de vida en las que transcurrían las vidas de las personas que vivieron en estas hermosas y, al mismo tiempo, duras tierras de Soria. 
 
Río Linares
 
Aproximadamente 2,5 kilómetros separan Vea de Peñazcurna y otros tantos esta última de Villarijo. Desde el último collado antes de alcanzar Peñazcurna la gran panorámica sobre el valle nos permite intuir el despoblado de Villarejo en el horizonte. 
 
Llegando a Peñazcurna
 
El despoblado de Peñazcurna es de dimensiones más modestas que Vea, pero es sorprendente el lugar donde se localiza colgado sobre el curso del río. Aún pueden distinguirse la iglesia y algunas casas, en su interior utensilios abandonados dejan una sensación de huida precipitada, de abandono precipitado y temporal convertido en dfinitivo. 
 
Calle de Peñazcurna
 
Peñazcurna
 
Peñazcurna. Interior vivienda
 
Salimos de este pequeño pueblo por las terrazas de cultivo que ya nos acompañarán hasta nuestro siguiente objetivo: el despoblado de Villarijo
 
Caminando por antiguas zonas de cultivo atravesamos amplios olivares, hoy salvajes, y me impresiona la tenacidad del ser humano por intentar arañar un poco de fertilidad allí donde la tierra deja un pequeño resquicio, construyendo terrazas que visten la ladera de estas montañas poco propicias para el cultivo. 
 
Olivares
 
Terrazas. Camino de Villarijo
 
Poco antes de que la senda se junte con una pista que viene de la parte alta del valle, el despoblado de Villarijo nos sale al encuentro.
 
Villarijo
 
Villarijo es, o fue, un pueblo de considerables dimensiones. En 1850 vivían 130 personas y tenía escuela. Como casi todos los pueblos despoblados de la zona quedó abandonado en los años sesenta como consecuencia de las malas comunicaciones, las repoblaciones forestales y las duras condiciones de vida. A pesar del tiempo transcurrido el estado de conservación es relativamente bueno. 
 

Calles de Villarijo
 
Iglesia de Villarijo
 
Cuando visitamos el pueblo vimos que estaban intentando recuperar algunos de sus edificios y la Iglesia, dedicada a San Lorenzo. Enfrente de la iglesia se ha construido un refugio y hoy día el agua vuelve a correr fresca y transparente en la fuente de la pequeña plaza. 
 
Hace veinte años se crceo la Asociación de Amigos de Villarijo en el intento de no dejar derrumbarse las casas que habían sobrevivido. Además, por lo que he leído, actualmente vive una familia en el pueblo que intenta que sea autosuficiente. 
 
Hasta el pueblo de Villarijo hemos recorrido casi 13 kilómetros que toca desandar en su totalidad para volver a San Pedro Manrique. Existe la posibilidad de realizar alguna ruta circular volviendo por las pistas de la parte alta de los montes que nos rodean, pero esto supone bastantes más kilómetros y nosotros desechamos la opción por el calor que nos atacaba sin piedad. 
 
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INFORMACIÓN ADICIONAL:
 
No he localizado mucha información sobre los despoblados, pero hay alguna página interesante que os dejo a continuación.
Nos hemos grabado track ya que hay numerosos recorrido en wikiloc. 
 
En la zona de Tierras Altas existen infinidad de pueblos abandonados que está deseando recibir un poco de vida, aunque solo sea una breve visita para que sean recordados.